‘¿Águila o sol?’ La prosa de Octavio Paz

Son las imágenes imposibles las que delatan en mayor grado la vena poética del autor de ¿Águila o sol? “El agua del tiempo escurre lentamente en esta oquedad agrietada”, “Y el día aplasta con su gran pie colérico una estrella pequeña” son sólo dos de las frases del centenar con las que Octavio Paz construyó su citada obra. Estas, en particular, contienen varias metáforas. Así ocurre con el resto de los fragmentos de la colección: se encuentran cargados de metáforas, simbolismos e imágenes polisémicas, como: “Coge el azadón, teoriza, sé puntual. Paga tu precio y cobra tu salario”, a la mitad de “Un poeta”.


Los temas que tocan las distintas piezas de ¿Águila o sol? dan la impresión de tener como unidad la evocación, pero también el gusto por incitar a reflexionar: “Diré su secreto: de día, es una piedra al lado del camino; de noche, un río que fluye al costado del hombre”, lo que es el final de “Dama Huasteca” es un buen ejemplo de esto. “El hombre empieza donde muere”, al final de “Viejo poema”, es otra excelente ejemplo. Además, los temas de reflexión se sugieren a partir de descripciones que aparentan ser o provenir de pinturas. En “Ser natural” esto es muy claro. De hecho, la dedicatoria de esta pieza al pintor Rufino Tamayo aclara en gran medida el procedimiento a través del cual está construido este microrrelato y, seguramente, muchos de los otros que componen ¿Águila o sol?: es una descripción de imágenes fantásticas, creadas ya sea por la imaginación del autor o por algún otro artista perteneciente a las artes visuales.


En cuanto al contexto histórico, no puedo dejar de mencionar la consonancia que encuentro entre esta obra de Octavio Paz, fechada como una de sus iniciales (1949-1950), y la primera publicación literaria de Gabriel García Márquez: Ojos de perro azul. Desde mi perspectiva, ambas contienen imágenes metafóricas y narraciones sumamente descriptivas, al grado de emular pinturas. Pareciera que a la mitad del siglo XX se vio surgir en Latinoamérica un estilo que, tal vez por las exigencias del mercado literario o por la maduración propia de sus creadores, no terminó de afianzarse. Podría caracterizarse a este estilo por su ensimismamiento, el cual probablemente haya minado su trascendencia al ser de difícil acceso y de comprensión reservada.

El oro de Poe

Publicado por primera vez en el Philadelphia Dollar Newspaper como ganador de un concurso de relatos cortos, El escarabajo de oro de Edgar Allan Poe tiene como origen la leyenda de un tesoro escondido alrededor de 1700 por un pirata escocés llamado William Kidd.

De acuerdo con el libro Los templarios y el secreto de Cristóbal Colón, de David Hatcher Childress, William Kidd fue un pirata templario que en 1695 recibió tres patentes de parte del rey de Inglaterra para ejercer la piratería. La primera patente lo autorizaba para atacar barcos franceses; la segunda, para capturar piratas, y la tercera, para conservar los botines que consiguiera hasta entregárselos al gobernador Richard Coote de Boston.

En enero de 1698, Kidd capturó el Quedah Merchant, un barco armenio que utilizaba el gobierno de la India. Así obtuvo un significativo cargamento de monedas de oro, armas, seda y azúcar, entre otros materiales. Se afirma que Kidd vendió parte del botín en 10 mil libras.

Esta pérdida fue seriamente resentida por la Compañía de las Indias Orientales, una sociedad de inversionistas de Londres que prácticamente gobernaba la India. Debido a esto, el gobierno de la Gran Bretaña, en un intento por conservar sus intereses en la India, denunció a Kidd por piratería y no lo incluyó en una amnistía decretada en 1698. En cambio, se le empezó a perseguir para capturarlo.

En julio de 1699, Kidd fue capturado y encarcelado en Boston. Al año siguiente fue transportado a Inglaterra, donde fue declarado culpable de asesinato y múltiples actos de piratería. En 1701 fue ahorcado y su cuerpo colgó sobre el río Támesis para servir de advertencia a quienes pasaran por ahí.

Con su muerte, se generó la leyenda sobre el paradero de su tesoro. Pero el único rastro de éste que se ha desenterrado fue encontrado en 1699 en la isla Gardiners, frente a Long Island, Nueva York. Y en repetidas ocasiones se ha dicho que El escarabajo de oro de Edgar Allan Poe alude a parte del tesoro del capitán Kidd.

Para Poe, los 100 dólares del premio que se le entregó al publicarse El escarabajo de oro significaron el mayor éxito económico en su carrera literaria, según afirman diversos historiadores.

Irónicamente, a través de este cuento Allan Poe critica el interés excesivo que muestra su protagonista, William Legrand, por acceder a un tesoro material. A la par, exhibe cuán terrenales son los supuestos tesoros a los que deseaban conducirse muchos seguidores de las corrientes filosóficas y religiosas de la época, como el templarismo y el platonismo.

En ese sentido, el criptograma inserto en el cuento sintetiza su mensaje: todo código elaborado por un humano es descifrable por un humano, de modo que toda la serie de simbolismos templarios, platónicos y religiosos que pretenden llevar al tesoro de la divinidad no pueden ser más que elaboraciones terrenales más o menos arbitrarias, pero, en todo caso, humanas y apartadas de la divinidad, sea lo que eso sea.

De acuerdo con la académica Bettina L. Knapp, algunos de los símbolos con los que Poe ambientó El escarabajo de oro son:

El escarabajo: un símbolo masculino y factor energético que simboliza la naturaleza en su estado primitivo y sus aspectos más salvajes.

El color dorado del escarabajo: representa la pureza de su contenido. Para el místico y el alquimista, el dorado siempre ha representado valores supremos, como la luz, el sol y la inteligencia divina. También ha sido algo que no puede ser poseído.

El árbol: representa la relación humana con el cosmos. También es el árbol de la vida o del conocimiento, el bien y el mal. Incluso vincula los tres aspectos de la existencia en el mundo: el suelo con raíces, la esfera existencial con sus baúles, y el dominio espiritual con sus ramas que llegan a salir al aire.

La calavera: es la cabeza humana que, de acuerdo con Platón es la imagen del mundo. Además, es por esta estructura esférica que la unidad puede ser alcanzada y que el conocimiento supremo puede ser experimentado.

El lado izquierdo: representa el inconsciente y lo impredecible, es el lado del corazón y de las emociones que reaccionan a los afectos. Es sinónimo de peligro, pues nadie sabe cómo nos forzarán a actuar los impulsos.

La derecha por la izquierda: el que Júpiter se equivocara y arrojara el escarabajo por el ojo derecho en lugar de por el izquierdo sugiere que con la pura razón, que simboliza el lado derecho, y sin trastocar la esfera interpersonal de improbabilidades, no es posible hallar ningún tesoro.

Los ojos: son el espejo del alma, el fuego sagrado, la inteligencia humana. También, de acuerdo con ciertos textos antiguos, tienen la misión de proteger a los dioses de agresiones.

La silla del diablo: es el nombre del lugar donde es preciso detenerse para lograr divisar el primer indicio del tesoro de William Kidd.

Por último, Bettina L. Knapp apunta que la calavera debía ser de quien acompañó al capitán Kidd a enterrar su tesoro.

Por su parte, la crítica de Poe hacia la avaricia y los deseos puramente terrenales puede apreciarse desde el título de la obra que, en inglés, es The gold bug. Al respecto debe aclararse que la palabra bug no sólo puede traducirse al español como “insecto” o “bicho”. También puede significar “error” y “molestia”, por lo que el título del relato podría querer decir entonces: “el error de oro” o “la molestia de oro”.

Pese a lo anterior, sí se habla de un escarabajo a lo largo del relato, específicamente el scarabaeus caput hominis, que en latín significa “escarabajo cabeza de hombre”. Por ello, la decisión de utilizar la palabra bug en el título parece obedecer a su polisemia, como indicador del juego de palabras a través del cual el autor comienza a plantear su mensaje.